Universidad Central debe registrar cambio de nombre de estudiante transmasculinos en su título de psicólogo

En agosto del 2019, José B. egresó de la Facultad de Ciencias Psicológicas de la Universidad Central. Y también concretó un paso que esperaba dar desde hace tiempo atrás: legalizó su cambio de nombre y género en sus documentos de identidad en el Registro Civil. Finalmente pudo completar su transición, esperaba dejar de lado su vida en femenino. Pero trámites burocráticos hicieron que recién ayer, miércoles 10 de febrero del 2021, pudiera acercarse a su anhelo de graduarse respetando su identidad. Las dificultades aparecieron desde septiembre del 2019, cuando con toda la emoción de quien está a punto de empezar los trámites para titularse, acudió a la Secretaría y a la Dirección de la Carrera (Psicología Clínica). Necesitaba que le informaran cómo lograr que en su título se leyera su nombre masculino. No supieron qué decirle. En noviembre, es decir hace 15 meses, José presentó la solicitud de cambio de nombre en todos los documentos físicos y virtuales del centro de estudios superiores de Quito, el más grande en número de alumnos. Pero el proceso fue lento, le respondieron informalmente que no tenían idea de qué pasos dar. Le solicitaron acudir a todos los departamentos de la facultad y a todas las instancias relacionadas: unidad de vinculación, informática, educación física, idiomas… En vinculación nunca le dijeron qué debía hacer. Alguien le sugirió que buscara a los tutores externos de sus prácticas preprofesionales, para contarles que era una persona trans (transmasculina, pasó de lo femenino a lo masculino). Y pedirles nuevos certificados con firmas de que había completado los requerimientos otra vez. Lo hizo en el Hospital Eugenio Espejo y sintió que fueron comprensivos. Pero era complicado ir con otros tutores, sería legal eso se preguntaba, ya que meses atrás tenía otro nombre según el Registro Civil. En febrero 2020 con tanto papeleo que debía realizar de modo personal no había terminado su tesis. Por ejemplo, un mes le tomó viajar a Santo Domingo de los Tsáchilas y llenar pedidos en el Ministerio de Educación para que su título de bachiller ya no saliera con nombre de mujer. Tuvo que pedir una prórroga en la universidad. “A mí, lo más lógico me parecía que me recibieran los papeles y que alguien de la universidad o de la facultad diera la orden a todos los departamentos de que tomen en cuenta que soy la misma persona que siguió la carrera, con nombre de mujer, y que ahora mi nombre era masculino. Pero en vez de eso tuve que ir de un lado a otro, sintiendo un silencio administrativo en muchos casos porque no me respondían con claridad o no decían nada”, reflexiona José, de 27 años. En julio del 2020, en plena pandemia, argumentaban que no tenían acceso a documentos físicos. Y él creía que podía ser lógico por el teletrabajo, pero el personal administrativo acudía ya en esa fecha y finalmente en noviembre, el Consejo Directivo resolvió que aceptaba su cambio de nombre en los documentos de vinculación, de prácticas. Pero no hicieron lo mismo con su suficiencia en inglés. Se agotaban los plazos para cumplir con el proceso de titulación y quizá le tocaría seguir un semestre extra, por la demora de la que no era responsable. “El proceso fue desgastante. Veía que mis compañeros se graduaban y yo me quedaba atrás, sin poder sacar mi título. Y por ello limitando mis posibilidades de conseguir un trabajo. Quizá no les parezca importante luchar por tener un título con el nombre con el que uno se identifica, pero yo incluso había empezado mi proceso de hormonización y me veía diferente, mi voz era varonil. Es muy extraño, la gente se conflictúa cuando ve que busca un empleo alguien con apariencia masculina y sus documentos son femeninos. Es compleja la situación que vivimos, un documento no refleja lo que uno es o siente, pero se requiere el cambio”. “La Universidad Central violó los derechos a la seguridad jurídica, igualdad formal, material y no discriminación de José, al no brindarle un debido proceso, que le permita tener vida digna”, apunta Roberto Veloz, delegado de la Defensoría del Pueblo de Pichincha, que tomó el caso. Por lo que interpusieron una acción constitucional de protección ante la jueza Ana Patricia Viteri, de la Unidad de la Familia, Niñez. Para el abogado Veloz el caso es simbólico porque se trata de una doble violación a derechos de una persona vulnerable, al ser joven y pertenecer a la diversidad sexo genérica. “No le dieron respuesta para acceder a la titulación. Hay estándares internacionales que se deben respetar, se trata de un grupo históricamente invisibilizado. La Universidad Central no tuvo argumentos para desvirtuar la acusación, no ejerció derecho a la réplica; se escudó en que la pandemia no permitió actividad presencial y que había renunciado una secretaria de la facultad. Simplemente no atendieron bajo el principio de oportunidad la solicitud de su estudiante”. Por ello, no solo deben tramitar el pedido de cambio de nombre en la documentación del joven sino además, señala Veloz, capacitar a su personal administrativo. “La jueza ordenó que reciban un proceso educativo en derechos humanos, con enfoque de género”. Ramiro Acosta, procurador de la Universidad Central, habló con EL COMERCIO. “Efectivamente ayer tuvimos la audiencia. Un estudiante de la Facultad de Psicología había presentado una petición de cambio de nombres de mujer a varón, en enero del 2020. Hubo una demora, coincidió con el asunto de la pandemia. Esa información estaba en los archivos de la facultad. La disposición es que se le atienda de forma ágil, cumpliendo con la normativa. No apelamos, realmente es un asunto de falta de atención prolija y oportuna. No quisimos discriminar, de ninguna manera. En la Universidad Central existe un Instituto de Género, que establece lineamientos y políticas, desde hace dos o tres años. Repito, las personas trans tienen derechos y lo único que se debe hacer es cumplir con la normativa. Se emitió la sentencia en el caso del joven. La secretaria abogada de la facultad acudió a la audiencia y está inteligenciada sobre lo que debe hacer, hay pleno conocimiento del caso”. José B. relata que en estos días le han comentado que en otras facultades el proceso es más sencillo. Cree que depende de cuán sensibilizado sobre temas de identidad y género está el personal administrativo. “Es un proceso de titulación distinto, que requiere un acompañamiento diferente. Me siento orgulloso de haber logrado mi objetivo. Sentía que vulneraron mis derechos. Mi mamá me dice que por fin lo estamos logrando, me van a dar fecha para lectura y defensa de tesis con los cambios de nombres. Esto es difícil para nosotros. Yo salí del clóset en los últimos semestres. Empecé mi transición social ahí en la facultad, con profesores y compañeros. Para unos docentes era más complicado, pero no sentí discriminación sino hasta intentar realizar este proceso para titularme”.

Fuente: https://www.elcomercio.com/actualidad/universidad-central-nombre-estudiante-transmasculino.html

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